Junio 5 de 2024 - Los Borgia - Mario Puzo

Junio 5 de 2024 - Los Borgia - Mario Puzo
"La primera mafia de la historia no nació en las calles, sino en los pasillos del Vaticano: un imperio de sangre, veneno y poder vestido de púrpura." Mario Puzo

Este libro llegó a mis manos hace poco, justo cuando acababa de comprar La Biblia de barro. Parece que se me hace casi imposible ir a la librería y llevarme un solo ejemplar; no, como si fuera un ritual, siempre debo dejar parte de mis ahorros en ese lugar. Observando entre tantos títulos, y estando ya inmersa en los temas de las sagas bíblicas, el Vaticano y el poder religioso, puse mi vista en esta obra. De esta familia, los Borgia, había escuchado un sinfín de veces: hay quienes los odian y hay quienes los admiran, pero, de una u otra forma, han dado de qué hablar y jamás pasaron inadvertidos en la historia, ni de España y menos aún del Vaticano. Por supuesto, quería sacar mis propias conclusiones, así que este libro me acompañó de vuelta a casa.

A lo mejor, al leer solo el título, no les diga mucho; pero al enterarse de que Mario Puzo es el legendario escritor de El Padrino, ya es otro cuento: nos damos cuenta de que es un autor de peso pesado. Hasta no tener este libro en mis manos, no lo sabía; ignoraba que no solo había escrito sobre la familia de mafiosos más famosa de Hollywood (por supuesto que me he visto las películas, las cuales, sin duda, para mí son de las mejores de la historia en su género).

Palacio Ducal de Los Borgia en Gandía, Comunidad Valenciana

A decir verdad, pensé que era un escritor desconocido para mí; jamás, ni por equivocación, imaginé que El Padrino y los Borgia podían tener algo en común. Estaba bastante equivocada: no solo comparten al padre de su creación, sino muchísimas cosas más. ¡Vaya sorpresa! Sin duda, debía leer esta historia de la mano de quien, una y otra vez, he escuchado que es un maestro absoluto de este género: el poder, la lealtad familiar, las mafias, la ambición y la corrupción. Creo que no podría haber encontrado a un mejor escritor para adentrarme en el universo de los Borgia que Mario Puzo.

Durante la investigación de este libro me enteré que la creación de esta novela, fue una historia de devoción casi obsesiva. Mario Puzo pasó más de veinte años investigando y escribiendo sobre los Borgia. De hecho, a menudo les decía a sus amigos que los consideraba "la primera gran familia del crimen", y que los Corleone eran solo un pálido reflejo de lo que Alejandro VI y César Borgia lograron. Con semejante descripción, y ya completamente entregada a la propuesta de este famoso escritor, no me quedaba más que sumergirme en el oscuro mundo de los Borgia y sus papas.

La novela nos sitúa en la Italia del Renacimiento, un territorio fragmentado y asediado por potencias extranjeras. En medio de este caos, el astuto cardenal español (Valencia) Rodrigo Borgia logra, mediante sobornos, promesas y una brillante manipulación política, ser elegido Papa bajo el nombre de Alejandro VI. Su objetivo no es la gloria espiritual, sino la consolidación de un imperio terrenal para su familia. Puzo nos presenta a Rodrigo no como un monstruo sediento de sangre, sino como un patriarca amoroso y pragmático que considera que la lealtad familiar está por encima de las leyes de los hombres y de Dios.

Galería Dorada del palacio representa el orgullo y el brillo de los duques ante el mundo, la Capilla Azul, Palacio Ducal de Gandía

Para asegurar su poder, Alejandro VI utiliza a sus hijos como piezas de ajedrez. A Juan, su hijo favorito pero débil y arrogante, lo nombra jefe de los ejércitos papales. A Lucrecia, su hermosa y brillante hija, la utiliza para forjar alianzas mediante matrimonios arreglados, anulándolos o enviudándola cuando las alianzas políticas cambian. Y a César, el hijo más brillante, frío y calculador, lo obliga a vestir los hábitos de cardenal, algo que César detesta profundamente, ya que su verdadera vocación es la guerra y la conquista.

La tensión entre los hermanos crece. Juan demuestra ser un militar incompetente, y pronto es misteriosamente asesinado. Tras la muerte de Juan, César finalmente se despoja de sus votos religiosos, asume el mando de los ejércitos y comienza una campaña militar implacable para unificar los territorios de la Romaña. César se convierte en la encarnación del príncipe maquiavélico: temido, respetado y letal.

En la Italia de los Borgia, un pincel era tan letal como una espada. El arte no era solo belleza, era la propaganda política más sofisticada para comprar la eternidad. Palacio Ducal de Gandía

Mientras César conquista Italia a base de acero y traiciones, Lucrecia madura, dejando de ser una joven ingenua para convertirse en una mujer política y fuerte, gobernando el Vaticano en ausencia de su padre. Sin embargo, el imperio de la familia está atado a la vida de Rodrigo. Cuando el Papa Alejandro VI muere repentinamente (posiblemente por malaria o por un veneno destinado a otro), el poder de los Borgia se desmorona. César, enfermo en el momento más crítico, pierde el respaldo papal y se ve acorralado por sus enemigos, encontrando finalmente la muerte en batalla, mientras Lucrecia sobrevive refugiándose en su último matrimonio en Ferrara.

Una de las razones por las que me apasiona la novela histórica es porque amo entretener mi mente mientras, a la par, aprendo. No me atrae solo la vida de los personajes que cambiaron de alguna forma el mundo; tengo una fascinación profunda por conocer el pasado, la forma de vestir, de pensar, sus costumbres, su manera de expresarse y la descripción de los lugares o de su comida. En libros como este, donde sabes de antemano que hay años de investigación detrás, es un absoluto deleite no solo la trama en sí, sino cada ambientación que hace volar tu imaginación de forma maravillosa. Te llevan casi a palpar, olfatear, sentir y vivir momentos tanto cruciales como cotidianos.

Oratorio de San Francisco de Borja, Palacio Ducal de Gandía

Siempre he creído que con estas obras no solo aprendes —valga la aclaración—, sino que también encuentras un espejo para la reflexión; para mí son como manuales que, sin excepción alguna, me dejan enseñanzas, cuestionamientos y meditaciones. Así que sáquense de la mente la idea de que la historia es aburrida: es increíblemente extraordinaria desde todos los puntos de vista. Entretiene, te educa, transforma tus pensamientos y, ojalá, nos ayudara a aprender para no cometer los errores de un pasado que parece repetirse una y otra vez.

Por ejemplo, reflexiono sobre esto: la lealtad no debería ser un escudo para justificar nuestros peores actos, Rodrigo Borgia retuerce las leyes del mundo y de la fe para proteger a los suyos, y no puedo evitar pensar en lo mucho que distorsionó la palabra "familia". Él creía que salvaguardar a los de su propia sangre justificaba cualquier monstruosidad.

Acompañando las intrigas papales. Leyendo a los Borgia, confirmo que a veces la historia real supera con creces cualquier ficción. Palacio Ducal de Gandía

Hago un paréntesis sobre algo que me pregunté una y otra vez: ¿qué postura mantiene la Iglesia católica en la actualidad sobre este episodio de la historia? La respuesta es clara: no lo ocultan, no lo niegan, pero, desde luego, no lo celebran. El Vaticano actual reconoce abiertamente que Rodrigo Borgia fue un desastre moral y un ejemplo de todo lo que un líder religioso jamás debe ser.

Sin embargo, argumentan que, a pesar de sus pecados personales, su favoritismo escandaloso y el orgullo con el que paseaba a César, Juan y Lucrecia por las estancias vaticanas, nunca alteró los dogmas de la fe. Para la Iglesia, Alejandro VI es la prueba viviente de la imperfección humana: un mal hombre que ocupó un cargo sagrado. Al final, ninguna familia, ninguna persona y, desde luego, ninguna institución está libre de capítulos oscuros. La grandeza no reside en tener un pasado perfecto y sin manchas, sino en la capacidad de mirar hacia atrás y reconocer los errores monumentales que se cometieron.

Un retrato majestuoso puede inmortalizar a un Papa frente al mundo, pero solo las páginas de la historia revelan si el marco encierra a un santo o a un monstruo. Palacio Ducal de Gandía

De hecho, la verdadera "ofensa" de Borgia a los ojos de sus contemporáneos no fue tanto tener hijos —algo que muchos clérigos hacían a escondidas llamándolos hipócritamente "sobrinos"—, sino su absoluto descaro al reconocerlos públicamente, ennoblecerlos y poner los ejércitos y las arcas de la Iglesia a su entera disposición. Hoy en día, la institución ve su papado como el clímax de una era de profunda corrupción política de la que, afortunadamente, lograron salir. Me parecía fundamental comprender esta postura antes de continuar con las reflexiones que me dejó el libro...

Resulta escalofriante ver cómo el amor de un padre puede envenenarse hasta convertir a sus hijos en simples piezas de ajedrez. Alejandro VI los movía a su antojo, ignorando sus verdaderas vocaciones y sentimientos bajo la excusa de un "bien mayor". Esto me hace reflexionar sobre cuántas veces, en nuestras propias vidas o relaciones, caemos en la tentación de querer controlar el destino de quienes amamos, creyendo que sabemos qué es lo mejor para ellos. Me recuerda una verdad muy simple pero poderosa: amar a alguien significa acompañarlo en su propio vuelo, no cortarle las alas para encerrarlo en nuestra propia jaula de oro.

Los Borgia coleccionaban obras maestras invaluables para demostrar su supremacía. Palacio Ducal de Gandía

Por otro lado, la transformación de César —de un joven frustrado a un lobo implacable— es una bofetada de realidad sobre lo que ocurre cuando la ambición carece de límites éticos. Me hace pensar en lo peligrosos que son los atajos. En nuestra vida cotidiana y en nuestros proyectos, aprendemos que lo que se construye con prisa, pisando a otros o traicionando nuestros propios valores, termina desmoronándose desde dentro. César conquistó territorios, sí, pero perdió su alma y la confianza de su propia sangre en el proceso. Ningún éxito exterior vale la pena si el precio a pagar es destruirte por dentro.

Y así, con la fragilidad de un simple aleteo del destino, cae el imperio más temido de Italia. Toda la pólvora, el oro y el veneno de los Borgia no pudieron contra la inevitabilidad de la muerte y el tiempo. Digamos que hubo un final feliz si se le puede llamar así, después de todo lo tuvo que vivir, es Lucrecia. Mientras los hombres de su familia se consumieron en su propia hoguera de vanidades y guerras, ella —la que siempre fue tratada como un peón— demostró que la verdadera fuerza no está en la espada, sino en la capacidad de adaptación y la resiliencia. Es un recordatorio hermoso de que, cuando las grandes ambiciones se vuelven polvo, lo único que nos salva es nuestra capacidad de encontrar paz y reinventarnos en medio de las ruinas.

Palacio Ducal de Los Borgia en Gandía

No es ningún secreto que amo los personajes de mujeres fuertes y resilientes, esas que me hacen sentir orgullosa de nuestro género. La evolución de Lucrecia es una de las cosas que más destaco del libro: el paso de ser una niña dulce, inocente y profundamente devota de su familia, a convertirse en una mujer que aprende las reglas del juego tras sufrir lo indecible por culpa de la ambición desmedida de los hombres de su vida. Lucrecia absorbe la inteligencia política de su padre, madura a base de golpes emocionales y desarrolla una diplomacia brillante. Llega un momento en la novela en el que el propio papa le confía la administración del Vaticano en su ausencia, algo inaudito para una mujer de la época.

Lucrecia nació en un nido de lobos. La amaron, sí, pero con ese tipo de amor posesivo y destructivo que a menudo disfraza la manipulación. Y, sin embargo, su historia es un canto a la resiliencia femenina. Me fascina cómo nos enseña que el poder no siempre se ejerce empuñando una espada. Su victoria nos demuestra que la verdadera fortaleza radica en aprender a resistir, proteger nuestro corazón de la amargura y tener la paciencia necesaria para construir un refugio seguro con las piezas que quedan después de la tormenta.

Al final, cuando el imperio Borgia se desmorona y los hombres que jugaban a ser dioses mueren o pierden todo su poder, es ella quien sobrevive. Se refugia en su último matrimonio en Ferrara, donde se convierte en una duquesa respetada, mecenas de las artes y dueña de su propio destino. Ella es la verdadera vencedora.

Devoción por el Arte y la Belleza, Palacio Ducal de Gandía

Diálogos o Frases:

  • "Nosotros somos la familia Borgia. Nuestra lealtad termina en nuestra propia sangre".
  • "Un Papa perdona, pero un padre no olvida".
  • "Para gobernar a los hombres, a veces es necesario hacerles creer que la voluntad de Dios coincide perfectamente con la tuya".
  • "El amor es para los campesinos y los poetas. Nosotros tenemos el poder, y el poder no admite distracciones".
  • "Es mejor ser temido que amado, pero es aún mejor ser ambas cosas si tienes el oro para pagarlo".
  • "Dios es el supremo arquitecto, pero en Roma, los Borgia somos los contratistas".
  • "Nunca amenaces. Nunca te quejes. Simplemente actúa cuando tu enemigo esté mirando hacia otro lado".
  • "La virtud es un lujo que los hombres de Estado deben sacrificar por el bien de su dinastía".
  • "Si vas a cometer un pecado, asegúrate de que el premio valga la condena eterna".
  • "Todo el poder del mundo no puede detener el aleteo de una mosca".
  • "La familia es el primer reino de un hombre".
  • "Roma perdona los pecados, pero jamás la debilidad".
  • "La historia recuerda los triunfos y olvida los sacrificios".
Palacio Ducal de Gandía (año 1399)
  • "Quien controla Roma controla medio mundo".
  • "La fe mueve almas, pero el poder mueve reinos".
  • "Una familia unida vale más que un ejército".
  • "La moral cambia según quién escriba la historia".
  • "La ambición es una enfermedad que nunca se cura".
  • "El amor familiar puede ser tan peligroso como el odio".
  • "Gobernar exige decisiones que la virtud no siempre permite".

Como pueden evidenciar, son grandes las reflexiones a las que me lleva este libro. No me canso de repetir la inmensa fuente de aprendizaje que representa la lectura; entre tantas cosas que descubrí, está el hecho de que esta poderosa familia pertenecía originariamente al Reino de Valencia. Por supuesto, una de las primeras actividades que realicé en cuanto llegué a esta ciudad fue dirigirme al municipio de Gandía, donde se alza un hermoso y perfectamente conservado Palacio Ducal de los Borgia. Asimismo, aquí mismo en la catedral de la ciudad, se custodia una colección de arte absolutamente bellísima e impresionante que ellos donaron en su momento.

Los años dorados de la Valencia del siglo XV se debieron, en gran medida, al impulso de esta influyente dinastía. Por esa razón, tengo claro que debo acompañar esta reseña con las imágenes de esos lugares que aún nos muestran la grandeza y el poder de la familia: el Palacio Ducal en Gandía, la Catedral de Valencia, el Palacio de los Borja en la ciudad de Valencia. Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir.

Ninguna institución ni persona tiene un pasado perfecto. Asumir nuestra propia historia, con sus luces y sombras, es el acto de mayor valentía. Palacio Ducal de Gandía

El cardenal Rodrigo de Borja (el futuro Papa Alejandro VI) compró el Ducado de Gandía para su hijo primogénito, Pedro Luis de Borja. El destino del palacio cambió radicalmente desde entonces en 1485.

Rodrigo buscaba asegurar un título nobiliario y una base territorial sólida en su tierra natal para cimentar el poder de su dinastía. Tras la prematura muerte de Pedro Luis, el palacio pasó a manos de su hermano, Juan de Borja (segundo Duque de Gandía), quien se casó con la noble María Enríquez de Luna, prima del rey Fernando el Católico.

El habitante más ilustre y transformador del palacio fue San Francisco de Borja (1510-1572), cuarto Duque de Gandía y bisnieto del Papa Alejandro VI.

Francisco nació y creció en estas estancias. Fue un hombre brillante: caballero de la corte del emperador Carlos V, cazador, músico y político impecable.

Palacio de los Borja, Valencia (año 1485)

Se me hace casi imposible describir lo que sentí al llegar a este lugar y recorrer cada una de sus estancias cargadas de historia; una historia que, sin duda, te deja marcada de muchas formas. Es una sensación imponente. Caminar bajo los mismos techos donde se forjaron ambiciones, alianzas y traiciones que cambiaron el destino de Europa te eriza la piel. Te das cuenta de que el pasado no es algo lejano que solo habita en las páginas de Mario Puzo o Julia Navarro; está vivo, respira en la humedad de los muros, en el brillo del pan de oro y en el silencio reverente de estas salas. Te vas de aquí siendo una persona diferente, al tocar y sentir los retazos de una historia real que, a veces, parece sacada de un cuento; eso sí, de un cuento maquiavélico. En este caso, la realidad superó con creces a la ficción.

Alfonso de Borja Obispo de Valencia en 1429. Alfonso tomó posesión de la catedral gótica y comenzó a tejer una red de influencia monumental. Utilizó las rentas de la próspera diócesis de Valencia para financiar las ambiciones de la Corona.

Iglesia catedral-basílica metropolitana de la Asunción de Nuestra Señora de Valencia - (año 1238)

Su éxito fue tal que en 1455 fue elegido Papa bajo el nombre de Calixto III (el primer Papa Borja). Desde ese instante, la sede arzobispal de Valencia se convirtió en una especie de "propiedad privada" y hereditaria de la familia durante casi un siglo.

Tras la marcha de Calixto III a Roma, la batuta en Valencia la tomó su sobrino, Rodrigo de Borja (el futuro Papa Alejandro VI). Rodrigo fue nombrado obispo de la catedral valenciana con solo 25 años.

Rodrigo casi no pisaba Valencia, pero consideraba la catedral su principal fuente de riqueza y prestigio. Exigió que la Seo valenciana fuera tratada con los máximos honores y, para demostrar el peso de su linaje ante los reyes de España, decidió importar el lujo del Renacimiento italiano directamente al altar mayor de Valencia.

El arte también es poder. Altar Catedral de Santa María - Valencia

Un dato curioso en 1437, el rey Alfonso el Magnánimo, ahogado por las deudas coloniales, entregó a la Catedral de Valencia el Santo Cáliz (el Santo Grial, que el rey custodiaba en su palacio) como garantía por un préstamo de dinero que nunca pagó. Los Borja, utilizando su poder papal y arzobispal, blindaron la presencia del Cáliz en Valencia, convirtiendo a la catedral en un centro de peregrinación mundial que competía directamente con Santiago de Compostela o la propia Roma. Básicamente, convirtieron el patrimonio de la corona en un pilar del prestigio económico de su propia diócesis.

Siempre que tengo la oportunidad, visito la catedral; es un lugar donde cada rincón te cuenta una historia a través de su incalculable e envidiable arte. Es, literalmente, un museo a nuestra entera disposición. Como muestra de ello, basta contemplar la capilla dedicada a los Borgia, la cual fue encargada por la familia Osuna —descendientes de la dinastía— al mismísimo Francisco de Goya en 1788. Y ni qué mencionar de la Capilla del Santo Cáliz, un rincón envuelto en misterio y misticismo. Sin duda alguna, estos son lugares de parada obligatoria que deben visitar en esta bella ciudad.

Capilla de San Francisco de Borja de la Catedral de Valencia. Pintada por Francisco de Goya en 1788.

Adentrarse en estos espacios es el recordatorio perfecto de que el arte, al igual que las grandes novelas históricas, de que la belleza y el misterio permanecen grabados en nuestra mente para siempre como en la piedra.

La construcción del palacio Borja en Valencia comenzó en 1485 por orden de Rodrigo de Borja cerca de la antigua muralla, en el barrio de San Lorenzo. El diseño original se encomendó a los maestros de obra más prestigiosos de la época, siguiendo el modelo del gótico civil valenciano.

Durante más de dos siglos, el palacio fue el epicentro de la vida social y política de la nobleza valenciana. Tras el regreso de los Borja de Roma —buscando poner distancia con las turbulentas intrigas vaticanas—, el edificio albergó a los sucesivos Duques de Gandía.

El Santo Cáliz de Valencia se custodia en la Capilla del Santo Cáliz, ubicada en el interior de la Catedral de Santa María de Valencia (la Seo)

Desde 1983, el Palacio de los Borja es la sede oficial de las Corts Valencianes (el Parlamento autonómico de la Comunidad Valenciana). Hoy en día, el antiguo patio por el que pasaban los carruajes de los Borgia y las estancias donde se planeaban las estrategias de la familia son el espacio donde se debaten y redactan las leyes del pueblo valenciano.

El vínculo de la familia con la iglesia de San Nicolás fue a principios del siglo XV (alrededor de 1419) no fue secundario; comenzó en el corazón mismo de su administración. Mucho antes de convertirse en el Papa Calixto III, un joven y brillante jurista llamado Alfonso de Borja fue nombrado rector de la Iglesia.

Cuando Alfonso fue nombrado Obispo de Valencia (1429) y, posteriormente, elegido Papa en Roma (1455), nunca olvidó sus años en San Nicolás. Como muestra de gratitud y devoción, financió desde el Vaticano la gran reforma gótica de la iglesia, elevando las bóvedas de crucería y dotándola de la estructura esbelta que conserva hoy bajo la piel barroca.

Rodrigo de Borja (Alejandro VI) fue uno de los grandes impulsores de los palacios vaticanos y de la decoración de las estancias previas a la Capilla Sixtina.

¿Qué legado trasciende más? El arte o las espadas. Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir - Valencia

A finales del siglo XVII, la estructura gótica que Alfonso de Borja había financiado en San Nicolás fue recubierta por una impresionante decoración barroca diseñada por Juan Pérez Castiel y pintada al fresco por Dionís Vidal. El resultado fue tan monumental, abrumador y teatral que el mundo entero terminó por bautizar a San Nicolás como la "Capilla Sixtina valenciana".

Caminar por la Comunidad Valenciana es tropezar, inevitablemente, con las huellas de un apellido que desafió las fronteras del mundo conocido. Unir el gótico civil del Palacio de los Borja en Valencia, el misticismo oculto en los techos de la Catedral y la suntuosidad barroca del Palacio Ducal de Gandía es recorrer las estaciones de un mismo viaje: el de una estirpe que entendió el poder como una forma de las bellas artes.

Mucho se ha escrito sobre sus intrigas, sus mitos oscuros y su cuestionado proceder en los pasillos de la historia. Sin embargo, al cruzar los umbrales de estos edificios, la leyenda negra se diluye ante la innegable evidencia de su grandeza. El poder de los Borja no se evaporó con el tiempo; quedó petrificado, sutil y latente, en la soberbia de sus arcos góticos, en el azul ultramar de los ángeles músicos del altar mayor y en el pan de oro de sus galerías.

Los Borgia no solo financiaron las maravillas del Renacimiento; hicieron de la ambición y la supervivencia su propia y oscura obra maestra. Iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir (Capilla Sixtina de Valencia)

Los Borja nos demostraron que los hombres pasan y los imperios caen, pero la belleza sobrevive. Es una familia que, cinco siglos después, habiendo cosechado fervientes admiradores y encarnizados enemigos, sigue ostentando el don más esquivo de la memoria: el de no dejar indiferente a nadie.

Sin duda alguna, no se puede negar el increíble buen gusto que tuvo esta poderosa familia por el arte; supieron utilizar su inmensa riqueza e influencia para, a través de la belleza, certificar y perpetuar su poder. En el Renacimiento, el patrocinio no era un simple pasatiempo, sino la herramienta política más sofisticada de la época. Los Borgia comprendieron antes que nadie que los ejércitos conquistan territorios, pero solo el gran arte es capaz de conquistar la inmortalidad y lavar los pecados del pasado. Ellos alcanzaron la perpetuidad al dejarnos contemplar su propia sombra a través del arte.

Sir Lupín en su trono amo y señor de la casa. 👑 🐾 👑

Sé que ha sido un artículo un poco extenso, pero, sin duda, valía totalmente la pena hacer este recorrido por su inmensa importancia en la historia. Hay relatos que no se pueden contar de prisa, y la huella de los Borgia es uno de ellos.

Una última aclaración: el apellido original de esta dinastía es los Borja. La famosa variante italianizada, Borgia, fue adoptada más tarde por los miembros de la familia con el fin de integrarse y ascender socialmente en Italia, especialmente después de que Alfonso de Borja fuera elegido papa bajo el nombre de Calixto III.

  • Año de Publicación: 2001
  • Libro: Los Borgia
  • Escritor: Mario Puzo
  • Género Literario: Novela Histórica
  • Editorial: Ediciones B