En algún momento de principio de milenio - El Perfume - Patrick Süskind
Creo que son pocos, muy pocos, los libros que tienen el poder de cambiarte profundamente. En mi caso, a pesar de los volúmenes que he leído a lo largo de toda mi vida —promediando dos por mes durante los últimos veinte años, sumaría unas quinientas historias, y creo que son algunas más—, suelo escoger minuciosamente mis lecturas. De todas he aprendido algo; con algunas he llorado, reflexionado, sonreído o meditado, y he llegado a la conclusión de que la suma de todas ellas han transformado mi forma de ver a las personas, la naturaleza, los animales y todo lo que me rodea.
Sin embargo, unos cuantos —muy pocos, a mi parecer— han transformado drásticamente mi personalidad, mi percepción de la vida, de la muerte o mis propios sentidos. Si un libro logra causar ese impacto en ti, se convierte, indiscutiblemente, en una obra maestra. Por supuesto, es algo muy personal; está claro que lo que yo pueda sentir por una obra, o la manera en que la viví, está lejos de ser la misma percepción que tienen los demás. La lectura, al final, es un acto sumamente íntimo. Los libros a igual que un perfume son sumamente íntimos y únicos para cada uno.

Al hacer memoria y repasar esos cientos de historias, me doy cuenta, no sin cierta melancolía, de que me sobran dedos en las manos al intentar contar los libros que me han transformado de manera tan significativa: Los pilares de la tierra, El conde de Montecristo, Crimen y Castigo, Frankenstein, Dispara, yo ya estoy muerto, La sombra del viento, Drácula y este mismo del que les hablaré hoy: El Perfume.
Como pueden evidenciar, son realmente pocas las obras que me han impactado de forma extraordinaria a lo largo de los años.
La manera en que este libro llegó a mis manos es bastante curiosa. Como mencioné en la fecha de esta reseña, leí por primera vez El Perfume más o menos a inicios de este siglo (eso ya suena bastante tiempo), entre 2003 y 2004. Era una época en la que todo era nuevo para mí y de gran importancia para el rumbo que tomaría mi vida literaria; mi vida en general, esa misma que, poco a poco, he ido moldeando en quién soy actualmente, cómo pienso y cómo percibo el mundo que me rodea.

Por aquel entonces conocí a uno de esos amigos que te regala la vida, de esos a los que te unes para siempre; esas amistades que tiran más que la propia sangre. Asumo que a esa edad me vio vulnerable en muchos aspectos y decidió adoptar una postura fraternal. Fomentó en mí una disciplina indispensable para el día a día como el deporte —algo que, tantos años después, aplico rigurosamente— y, por supuesto, la literatura. Ya desde muy niña leía, pero fue a través de él que conocí a autores extraordinarios como León Tolstói, Hermann Hesse y Patrick Süskind; escritores que difícilmente se daban una vuelta por Caramanta, el pueblo donde crecí.
Él fue quien puso en mis manos esta historia, a mi parecer, excepcional. Recuerdo perfectamente que solía decirme algo así como que aprendiera a llenar mi mente con cosas diferentes, cosas que transformaran mi pensamiento (creo que se me pasó la mano en ese sentido). El Perfume es, sin duda, uno de los títulos más importantes de mi vida; me desarrolló por completo el sentido del olfato. A fecha de hoy, en este año 2026, lo he leído ya cuatro veces. Siempre lo he abordado en diferentes etapas de mi vida y en todas lo he disfrutado de una manera distinta. Siempre capto algún matiz nuevo, pero, sin excepción alguna, valoro casi en forma de ritual cómo logró despertar en mí la importancia de los olores.

Sin duda alguna, hay mejores historias que esta y hay mejores protagonistas. Lo maravilloso de este libro es, precisamente, que a pesar de eso terminas siendo empático y hasta admirando a un personaje despreciable. Así que, más de una vez, no pude evitar preguntarme: ¿qué parte de la oscuridad de Jean-Baptiste Grenouille habita dentro de mí? De alguna forma me veía reflejada en algunos de sus pensamientos, esos que pocas veces te atreves a pronunciar, como lo despreciable que puede llegar a ser el ser humano. Es difícil reconocer que todos tenemos sombras que rara vez sacamos a la luz.
Reconocí leyendo este libro dos instintos profundamente humanos de los que nadie escapa. El primero es el terror absoluto a ser invisibles. ¿Acaso no tenemos todos ese miedo oscuro y latente a no tener un reconocimiento? Sea de nuestra pareja, nuestros amigos, nuestro entorno laborar o social. A veces, en nuestro afán por ser reconocidos, valorados o amados, nos ponemos máscaras que no son nuestras, actitudes o corazas solo para encajar o para no sentirnos ignorados.
El segundo reflejo es la trampa de la obsesión y el control. ¡Wow! Sí que me veo reflejada en este apartado: Grenouille quería atrapar la belleza costara lo que costara. Y aunque su método era macabro, la raíz es inquietantemente familiar. Cuando planificamos el futuro al milímetro, cuando nos obsesionamos con que un proyecto salga perfecto, o cuando queremos retener a nuestro lado un momento o a una persona por miedo a perderla, estamos rozando esa misma necesidad egoísta de controlar lo incontrolable.
Hace poco tiempo aprendí a soltar y a tener como lema de vida "un día a la vez". Durante largos años quise controlar todo lo que me rodeaba a la perfección, pero la vida misma es la mejor maestra; aunque debo decir que sus métodos no siempre son los mejores, siempre te enseña.
Después de semejante introducción, no me explayaré demasiado en la reseña del libro como tal. Primero, porque quiero que lo lean y no deseo revelar demasiada información; y segundo, porque no quiero que sea un artículo tan largo, y dadas mis reflexiones, veo que para allá va la cosa... (estoy segura de que a alguien me lo recriminará, así que ya espero su opinión).

La historia de Jean-Baptiste Grenouille arranca en 1738 en el epicentro más pestilente de París: un mercado de pescado. Repudiado desde su nacimiento por una condición perturbadora —carecer por completo de olor humano—, este niño logra sobrevivir a una infancia de rechazo, frialdad y esclavitud gracias a un don sobrenatural: posee el olfato más agudo, absoluto y prodigioso que el mundo haya conocido. Tras pasar sus primeros años catalogando en su mente cada aroma de la ciudad como si fuera un paria invisible, su vida da un giro fascinante cuando un rastro celestial lo empuja a introducirse en el exquisito taller del decadente maestro perfumista Giuseppe Baldini. Allí, Grenouille aprende el arte de la destilación, pero su genio esconde una ambición que va mucho más allá de las fragancias convencionales.
Tras un periodo de aislamiento extremo donde se enfrenta al abismo de su propia identidad, su obsesión lo conduce a Grasse, la meca de la perfumería. En este lugar se sumergirá en el aprendizaje de técnicas de extracción mucho más delicadas y complejas con un propósito aterrador: capturar la esencia de la belleza absoluta para crear el perfume supremo. Patrick Süskind nos sumerge magistralmente en la mente de un genio desprovisto de alma, tejiendo un thriller sensorial que nos obliga a preguntarnos hasta dónde será capaz de llegar un hombre para dominar la voluntad del mundo, en un viaje donde el arte más sublime nace de la oscuridad más profunda. Es una experiencia sensorial hipnótica que nos impregna la piel y que, les aseguro, cambiará para siempre su forma de respirar tu propio entorno.

Reconocer nuestras sombras nos hace humanos. La gran diferencia entre sucumbir a la oscuridad o encontrar la paz reside en lo que decidimos hacer con esa obsesión y con ese miedo. Aceptarlas es el primer paso para elegir, todos los días, caminar hacia la luz.
A pesar de las increíbles reflexiones a las que me invita esta lectura, no es por ellas que lo considero un libro extraordinario. La verdadera razón es que, desde que lo leí hace más de veinte años, transformó literalmente mi sentido del olfato. Al adentrarme en esta historia, le otorgué un valor inmenso a algo que solemos pasar por alto; rara vez nos damos cuenta de lo adormecido que tenemos este sentido, el más primario y poderoso de todos. Nos pasamos la vida mirando, tocando, escuchando, pero rara vez nos detenemos a oler el mundo con intención.
Todos, sin excepción alguna, tenemos trazado un mapa de aromas inconfundibles desde que nacemos: el olor de nuestra madre, el de ese primer pastel, el aroma inconfundible de una feria en la niñez, ese aroma nos recuerda el primer amor, el verde de una montaña o la brisa inconfundible del mar que nos rememora serenidad. Es como una máquina del tiempo capaz de transportarnos a momentos muy específicos de nuestra vida.

Para mí, el olor es una seducción silenciosa, un instinto que nos mantiene alerta. Los aromas son maestros invisibles, hilos sutiles que tejen nuestra intuición, nos enamoran, nos advierten y nos moldean. Los olores nos enseñan a leer las emociones del mundo sin necesidad de usar los ojos.
Frases o Diálogos:
- "Quería ser el Dios omnipotente del perfume como lo había sido en sus fantasías, pero ahora en el mundo real y sobre seres humanos reales".
- "Y no obstante, como todos los grandes logros intelectuales, que no sólo proyectan luz sino también sombras y ocasionan a la humanidad disgustos y calamidades".
¡Y la locura de la velocidad! ¿Para qué necesitaban tantas calles nuevas, que se excavaban por doquier, y los puentes nuevos? ¿Para qué? ¿Qué ventaja tenía poder viajar a Lyon en una semana? ¿A quién le importaba esto? ¿A quién beneficiaba? ¿O cruzar el Atlántico, alcanzar la costa americana en un mes? ¡Como si no hubieran vivido muy bien sin este continente durante miles de años! ¿Qué se le había perdido al hombre civilizado en las selvas de los indios o en tierras de negros?
- "Donde quiera que uno dirigiese la mirada, reinaba el desenfreno. La gente leía libros, incluso las mujeres, los clérigos entraban a los cafés... ¡que locura!".
- "La desgracia del hombre se debe a que no quiere permanecer tranquilo en su habitación, que es su hogar".

Ahora se leen libros subversivos, ya no sirve nada; de improviso, todo ha de ser diferente. En un vaso de agua tienen que nadar unos animalitos que nadie había visto antes; la sífilis ha de ser una enfermedad muy normal y no un castigo de Dios. Los salvajes son hombres como nosotros; ¡y la tierra ya no es redonda como hasta ahora, sino ovalada como un melón... como si esto importara algo!
- ¡No juzgues mientras hueles! ¡Ésta es la primera regla, viejo idiota, ¡Huelo primero y no me permito ningún juicio hasta que haya olido y analizado!".
- "El perfume tiene su juventud, su madurez y su vejez. Y solo puedes calificarse de grato, cuando lo vives con la misma intensidad durante las tres diferentes etapas".
- "Dios nos da buenas y malas épocas, pero no quiere que en estas últimas nos lamentemos y quejemos constantemente, sino que reacciones virilmente".
- "Hay en el perfume una fuerza de persuasión más fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasión del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ningún remedio contra ella."
- "Te amo" y sintió que los pelos se le erizaban de placer, ¡ahora, ahora, en este instante! Abrió los ojos y gimió de gozo. Este perfume no se parecía a ningún perfume conocido. Se trataba de algo totalmente nuevo, capaz de crear todo un mundo, un mundo rico y mágico que hacía olvidar de golpe todas las cosas repugnantes del propio entorno..."

- "Al parecer, en un mundo, en el mundo sin hombres, la vida era soportable".
- "No pensaba para nada en Dios, no hacía penitencia ni esperaba ninguna inspiración divina. Se había aislado del mundo para su propia y única satisfacción, sólo a fin de estar cerca de sí mismo. Gozaba de su propia existencia, libre de toda influencia ajena, y lo encontraba maravilloso.
- "Los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume. Porque el perfume era hermano del aliento".
- "El perfume va directamente al corazón y allí decide de modo categórico entre inclinación y desprecio, aversión y atracción, amor y odio. Quien dominaba los olores, dominaba el corazón de los hombres".
- "Suspirarían al verla y soñarían con ser tan seductoras como ella durante un solo día. Y nadie sabría que no era su aspecto lo que de verdad los había conquistado, que no era su belleza exterior, supuestamente perfecta, ¡sino únicamente su fragancia, magnífica e incomparable!.

Sí, al mirar hacia atrás, le pareció que era un hombre especialmente favorecido por la suerte y que su destino le había llevado por caminos que, si bien habían sido tortuosos, al final resultaban ser los correctos... ¡Pensándolo bien, era un individuo realmente afortunado!
—¡gracias, Jean-Baptiste Grenouille, por ser como eres!.
- "Tuvo una horrible sensación, no podía disfrutar aquel triunfo. Lo que siempre había anhelado que los demás lo amaran, le resultó insoportable. Y supo de repente que jamás encontraría satisfacción en el amor sino en el odio, en odiar y ser odiado".
- "Podía hacer todo esto cuando quisiera; poseía el poder requerido para ello. Tenía en la mano un poder mayor que el poder del dinero o el poder del terror o el poder de la muerte; el insuperable poder de inspirar amor en los seres humanos".
- "La gente estúpida solo sabe utilizar la nariz para resollar".
Este maravilloso escritor logra algo casi imposible en la literatura: escribir con el olfato. Desde el primer párrafo, sientes que respiras la podredumbre del mercado y la elegancia empalagosa de los palacios. La novela es un tratado sobre la obsesión y el arte. Grenouille no es un asesino convencional, sino un artesano llevado al extremo más oscuro.

Es una obra que nos repugna y nos hipnotiza a partes iguales. Nos obliga a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con el mundo a través de los sentidos y cómo, a menudo, la identidad de una persona está atada a cosas tan invisibles e intangibles como su aroma, o a la forma en que los demás la perciben.
Los aromas tejen nuestra intuición. Nos enamoran, nos desilusionan, nos advierten y nos moldean. ¿Qué olor los está acompañando ahora mismo? ¿Qué aroma, al cerrar los ojos, recuerdan de forma más especial... o cuál preferirían olvidar?
Hace días no publico ningún post por las responsabilidades que conlleva la vida cotidiana, en la que constantemente estamos cargados de mil cosas (a lo mejor por dejar de ser un poco organizados con nuestros tiempos). Pero ¡que no cunda el pánico! Aquí estoy de nuevo.
Me ha tomado varios días escribir este post tan importante para mí. Aunque suelo decir que es fácil escribir cuando algo te apasiona, en este caso quería darle el enfoque perfecto para que entendieran por qué me marca tanto; es un tema complicado de transmitir... bueno, al menos lo es para mí, alguien que claramente no está dotada para la escritura.

Otra de las cosas que llevo realmente bastantes días decidiendo, es con qué fotografías acompañaría el artículo. De nuevo, la bella París sería perfecta, pero bien saben que ya la ocupa otro post; una cueva alejada de todo era otra opción, pero lastimosamente aún no me ha dado la locura de ser una ermitaña.
Realmente me estaba rebanando los sesos pensando en cómo podía transmitir en fotos el mundo de los olores. ¡Uf, tarea imposible! Hasta que una lucecita se iluminó en mi cabeza y me dije: las flores. Las mismas que, para quien haya leído el libro, bien sabe lo importantes que son en él. Y para quienes no, les dejo este pequeño spoiler solo con el fin de que se animen a descubrir qué tiene que ver un asesino con el mundo de las flores.
Hoy los llevaré a conocer un poco el parque de Keukenhof (parque de los tulipanes) o más conocido como el "jardín de Europa" en Países Bajos, cerca de la ciudad de Lisse y a tres horas de Ámsterdam.

Escogí este lugar por varias razones, pero hay una en especial que es sumamente importante para nuestro extraño protagonista; de hecho, es quizá el corazón de su personalidad: los tulipanes no desprenden olor.
La ausencia de fragancia en la mayoría de los tulipanes es uno de sus rasgos más curiosos y fascinantes. Aunque estamos acostumbrados a asociar las flores con perfumes penetrantes —como los de la rosa, el jazmín o el lirio—, el tulipán nos sorprende porque apuesta casi todo su encanto a la vista y no al olfato.
Me gusta pensar que se esfuerza el doble. Al carecer de la fantástica esencia de los olores para lograr cautivarnos, parece haberse dado cuenta de ello, evolucionando sencillamente para conquistarnos de una forma visualmente perfecta.
La historia de Keukenhof: pasó de ser un huerto medieval a un imperio indiscutido del color. Espero, con las fotografías, evidenciar algo de este paraíso terrenal.

El nombre Keukenhof se traduce literalmente del holandés como "El jardín de la Cocina". Su historia se remonta al siglo XV, cuando estos terrenos formaban parte de las propiedades de la condesa Jacoba de Baviera.
En aquella época, la zona de dunas y bosques no tenía flores, sino que se utilizaba para la caza y para cultivar hierbas aromáticas, verduras y hortalizas, destinadas a la cocina del castillo de Teylingen, donde residía la condesa.
El gran cambio estético llegó en 1857, cuando los barones Van Pallandt encargaron al célebre arquitecto paisajista Jan David Zocher la reestructuración de los jardines. Él creo el diseño de estilo inglés con caminos serpenteantes, estanques y arboladas centenarias, que aún hoy constituye la columna vertebral del parque.
La transformación de Keukenhof en un parque de tulipanes fue una idea brillante del ámbito comercial. En 1949, el entonces alcalde de Lisse, junto con un grupo de destacados cultivadores y exportadores de bulbos de la región, concibió el parque como una exposición al aire libre.

Buscaban un lugar donde los floricultores de todos los Países Bajos pudieran mostrar sus mejores variedades e híbridos de bulbos a compradores internacionales y al público general. La primera apertura oficial tuvo lugar en 1950 y fue un éxito inmediato: recibió más de 200.000 visitantes en su primera temporada.
Hoy en día, Keukenhof abarca 32 hectáreas donde cada otoño se plantan a mano, cerca de 7 millones de bulbos (de más de 800 variedades de tulipanes, además de jacintos, narcisos y lirios) para crear un lienzo vivo que solo abre unos dos meses al año, durante la primavera. Este es un dato sumamente importante: si algún día quieren visitar este hermoso lugar (y ojalá lo hagan), deben saber que solo abre sus puertas al público entre el 19 de marzo y el 10 de mayo, un día más o un día menos cada año.

El turismo de la floración de primavera genera cientos de millones de euros anuales. Parques como Keukenhof y las regiones de campos de cultivo (como Bollenstreek o Flevoland) atraen a más de 1,5 millones de visitantes internacionales en un periodo de apenas ocho semanas. Puedo dar fe de que, aunque a este lugar lo visiten miles de personas durante estos pocos días, no te sientes abrumada por la cantidad de gente; esto se debe a las enormes dimensiones del lugar, a sus excelentes instalaciones y a su logística.
Como reflexión: el tulipán es la prueba de que no siempre se necesita hacer ruido ni desplegar grandes perfumes para hacerse notar. Mientras otras flores conquistan por el aire, el tulipán lo hace en absoluto silencio, a través de la sutileza de sus formas y la honestidad de sus colores. Simplemente nos regala una excusa perfecta para detenernos a mirar su perfección. 🌷

A primera vista, nada parece distanciar más dos realidades: Jean-Baptiste Grenouille y el tulipán. Sin embargo, ambos comparten una misma condición existencial: la absoluta falta de olor propio. Grenouille utiliza su vacío para camuflarse, manipular y, en última instancia, destruir. En el tulipán, su silencio olfativo no es una carencia, sino una invitación a la contemplación pura de la belleza.
Resulta fascinante cómo la naturaleza y la literatura nos enseñan que un mismo vacío puede conducir a destinos opuestos. No es la carencia lo que nos define, sino lo que decidimos hacer florecer a partir de ella. Se puede elegir ser la sombra que busca poseer el mundo, o la flor tranquila que, sin decir una sola palabra ni desprender un solo perfume, es capaz de detener nuestra respiración con su mera presencia. 🌷📖
En este caso, parece más un post de reflexiones que la reseña de un libro. Espero que, aunque es diferente a lo que suelo hacer, les guste. ¡Estaré atenta a sus comentarios! En mi defensa, debo decir que me resulta apasionante escribir sobre un libro tan sumamente importante en mi vida.

- Año de Publicación: 1985
- Libro: El Perfume
- Escritor: Patrick Süskind.
- Género Literario: Novela de ficción histórica
- Editorial: Diogenes Verlag