Mayo 17 de 2024 - La Biblia de Barro - Julia Navarro
Después de los inconvenientes tecnológicos, estoy de regreso, creo que libre de toda culpa...
Había tomado unos meses de vacaciones de Julia Navarro; seis o siete meses son más que suficientes para estar preparada de nuevo para alguna de sus aventuras.
Con esta escritora creo que cometí un grave error: nunca he leído su obra en el orden de publicación (que debería ser lo correcto, puesto que así vas notando la evolución de su escritura). Pero no, nunca lo hice; inicié a leerla por casualidad y, simplemente, he ido eligiendo el libro para el que en ese momento puntual me sentía preparada o consideraba oportuno. Por si ustedes sí desean leerla en el orden correcto, les comparto sus primeras cinco novelas:

- La Biblia de barro (2005)
- La hermandad de la Sábana Santa (2004)
- La sangre de los inocentes (2007)
- Dime quién soy (2010)
- Dispara, yo ya estoy muerto (2013)
La lista es larga y muy interesante. Eso sí: el día que decidan sumergirse en sus lecturas, deben estar preparados. Puedo asegurarles que jamás volverán a ver el mundo de la misma forma en que lo veían antes de abrir sus páginas; prepárense para cambiar su mente, porque no saldrán ilesos de sus novelas. Julia no adorna la realidad de las guerras, las manipulaciones religiosas o políticas, ni las consecuencias del exceso de poder. Leerla es, sin duda, una auténtica escuela de aprendizaje para comprender todos y cada uno de estos temas.
Al leer de qué trataba esta historia, me generó una tremenda curiosidad. Como ya he explicado, Julia te enseña desde la antigüedad hasta el día de hoy cómo se han ido desencadenando determinados conflictos de nuestra historia; así que, al leer el título y el prólogo, y conociendo en profundidad su estilo, no pude más que llenarme de intriga. La Biblia es un libro que para muchos resulta un tema delicado y, sin duda, no está exento de controversia y polémica. Qué tenía que decir Julia al respecto era algo que definitivamente, quería saber.

Con Dispara, yo ya estoy muerto, que había sido mi anterior lectura de ella, sin duda alguna había quedado bastante sensible. Quería que su próximo libro fuera un poco más ligero, menos cruel, que me hiciera estremecerme menos al leerlo. No sé si la literatura de ella se pueda llamar así, "ligera"; no sé si por su mente pase siquiera esa palabra, pero este libro me pareció un poco más tranquilo y acorde para el momento.
Durante muchos años de su vida, Julia Navarro se dedicó al periodismo político. Ella conoce de primera mano el detrás del telón de los muchos escenarios sobre los que suele escribir. De este libro, puntualmente, dijo que comenzó a escribirlo al iniciar la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003. Observó con horror en las noticias el saqueo indiscriminado del Museo Nacional de Irak en Bagdad; y es que, a través de la historia, siempre se ha utilizado la guerra como pretexto para saquear, contrabandear y destruir impunemente los cimientos de la memoria humana. Este libro es una protesta contra ello.

Este libro inicia en un confesionario en Roma y dice así: "Padre, me acuso de que voy a matar a un hombre...". Una frase que, sin duda, te atrapa de inmediato y te empuja a querer descubrir a quién va a asesinar y, por supuesto, quién es la persona que se está confesando. Tardas mucho en enterarte, pero la espera vale totalmente la pena; es sin duda, un excelente abrebocas para iniciar.
La trama arranca en Roma, donde Clara Tannenberg, una joven y ambiciosa arqueóloga, hace una revelación que sacude los cimientos de la fe y la ciencia. Durante unas excavaciones en Irak, asegura haber localizado unas tablillas de barro que podrían contener el primer relato bíblico de la historia, anterior al mismísimo patriarca Abraham. Este descubrimiento, de un valor incalculable, actúa como un imán peligroso, despertando inmediatamente la codicia de traficantes de arte, servicios de inteligencia e instituciones religiosas milenarias.
Para llevar a cabo su arriesgada expedición, Clara cuenta con el inagotable respaldo económico y la influencia de su abuelo, un poderoso multimillonario. Sin embargo, bajo la impecable fachada de este magnate se oculta un secreto aterrador. Su verdadera identidad está ligada a uno de los episodios más oscuros y cruentos del siglo XX. Es un hombre que lleva décadas huyendo de sus propios pecados, convencido de que el dinero y el poder habían enterrado su pasado para siempre.

Pero el eco mediático del descubrimiento de la joven arqueóloga comete un error fatal: expone el rostro de su abuelo al mundo. A miles de kilómetros de allí, un grupo de ancianos unidos por una herida imborrable reconoce esa mirada. Sobrevivientes de horrores que desafían la imaginación, estos hombres llevan toda una vida esperando este momento. Movidos por una sed de justicia que el tiempo no ha logrado apagar, comenzarán a tejer en las sombras un implacable y silencioso plan donde no hay margen para el perdón.
La novela nos arrastra a un escenario al límite: los tensos meses previos a la invasión estadounidense de Irak en 2003. Clara organiza una expedición desesperadamente para extraer "La Biblia de Barro" antes de que caigan las primeras bombas. En medio de un desierto a punto de arder, el campamento arqueológico se convierte en un polvorín donde chocan intereses mortales. Enigmáticos espías del Vaticano dispuestos a proteger el dogma a cualquier precio, saqueadores sin escrúpulos y mercenarios con misiones inconfesables cercarán a Clara. En esta encrucijada bajo el sol abrasador, el pasado y el presente colisionarán violentamente, demostrando que algunas verdades son mucho más destructivas que la guerra misma.

Julia Navarro logra tejer un complejo tapiz donde la ambición científica, los crímenes de guerra y los dogmas religiosos colisionan de manera espectacular.
Hay varias razones por las que considero que esta es una lectura imperdible. Para empezar, parece una historia sacada del universo de James Bond; tiene los elementos perfectos para convertirse en una película: una mezcla de espionaje internacional, acción intensa, villanos megalómanos, persecuciones espectaculares, un estilo de vida donde el dinero cobra una relevancia total y por si fuera poco, destinos exóticos. Esto último, en especial, está descrito de una forma que realmente me dio unas ganas inmensas de pasar un par de tardes (no mucho más) contemplando los indescriptibles atardeceres en el desierto de Mesopotamia, el cual, sin duda, se convierte en un protagonista más del libro.
Esta novela nos enseña que la justicia, aunque tarde décadas y se disfrace con el rostro de cuatro ancianos implacables, siempre termina encontrando su camino. Si les apasionan las intrigas internacionales, la arqueología y los misterios históricos, les puedo asegurar que esta obra podría ser, tranquilamente, su próximo refugio perfecto. Lo fue para mí durante varios días y, tal como había supuesto al iniciar su lectura, aunque conserva esa naturaleza cruda al contarnos la realidad, resultó bastante más tranquila, amena y sumamente enriquecedora.

Diálogos o Frases:
- "Clara Tannenberg siempre se fijaba en las manos de las personas. Su abuela le había enseñado que lo hiciera; decía que así reconocería con qué clase de persona trataba. Jamás le había fallado, las manos reflejan el alma, reflejan tu amor propio, tu cuidado personal, tus excentricidades o tu sencillez, tu clase, tu carácter, tu esfuerzo; así que siempre la primera impresión de una persona se la daban sus manos".
—Siempre he temido a los intachables
—¿Porque?
—Porque siempre esconden algo, nunca confíes en quien aparenta ser un hombre perfecto.
- "Defiendo la democracia burguesa, esa que me permite tener la ilusión de que gozo de libertad. Así que no soy hipócrita, solo tal vez políticamente incorrecto".
- "la inteligencia era un don que Él otorgaba a algunos hombres para hacer más fácil la existencia de los otros, y para combatir a quienes, siendo igualmente inteligentes, se dejaban inspirar por el Mal".
- "El Señor no tolera ni el orgullo ni la soberbia en sus criaturas. No se puede desafiar a Dios, ni pretender acercarse a los límites que ha establecido entre el Cielo y la Tierra".
- "Hay un momento en la vida en que debemos buscar dentro de nosotros para decidir".
- "Miró al cielo a través de la ventana y por primera vez se preguntó dónde estaba Dios".

- "Él creía que todo sucedía por designio de Dios, pero en ese caso no sabía qué quería decir Dios, con todo lo que estaba pasando".
- "El pasado nunca muere, ni siquiera es pasado. Simplemente espera el momento adecuado para cobrar sus deudas".
- "Hay verdades escritas en barro que son más sólidas que cualquier imperio."
- "La venganza es un plato que no solo se sirve frío, sino que congela el alma de quien lo prepara".
- "La arqueología no es la búsqueda de objetos, es la búsqueda de las personas que los moldearon".
- "El poder es la capacidad de reescribir tu propia historia hasta que los demás la acepten como cierta".
- "Nadie puede escapar de su propia sombra, por más dinero que utilice para iluminar su vida".
- "A veces, descubrir de dónde venimos es el camino más rápido para perder lo que somos".
- "La historia de la humanidad está escrita con sangre sobre las ruinas de la memoria".
- "No hay mayor ciego que aquel que se niega a ver la monstruosidad en quienes ama".
- La historia no es solo lo que ocurrió. También es lo que otros deciden contar.
- "La verdad rara vez beneficia a quienes tienen poder".
- "Los mitos sobreviven porque contienen algo de verdad".

—Siento que Dios me ha abandonado,
—No, no lo ha hecho solo siéntelo en tu corazón, aprende a escucharlo. No busques afuera lo que está dentro de ti.
Mientras Lupita duerme a mi lado, completamente ajena a las tormentas del mundo humano, yo reflexiono acerca de este libro. He mencionado una y otra vez que no se sale ileso de las lecturas de Julia y esta ocasión no sería la excepción; antes de guardar esta obra en la estantería, les comparto algunas de las cicatrices que me deja.
Si algo nos grita esta historia, desde la primera hasta la última página, es que el pasado jamás desaparece; a lo sumo, se echa a dormir. Creemos que el tiempo puede borrar nuestros peores errores, pero la novela nos demuestra que hay deudas morales que, tarde o temprano, siempre te alcanzan. El pasado es un cobrador implacable.
Sin embargo, también observamos una lección agridulce: la venganza es un veneno que te bebes tú mismo esperando que el otro muera. La sed de retribución puede darte un propósito para sobrevivir, sí, pero termina consumiendo tu alma hasta dejarte tan vacío y roto como el verdugo al que persigues.

Asimismo, los daños colaterales de nuestros actos —esos que nos negamos una y otra vez a aceptar— son una advertencia brutal: las mentiras que usamos para escudar a los nuestros son, a menudo, las mismas piedras que terminan aplastándolos. En el plano de la arqueología y la historia, vemos cómo el poder político y los intereses económicos no dudan en pisotear la cuna de la civilización, tratando a la cultura y a las personas como simple daño colateral ante la inminencia de la guerra.
Hubo una parte de esta novela que me impactó demasiado y es que nos plantea una reflexión fascinante: ¿qué tan frágil es un dogma si necesita ocultar la historia para poder sobrevivir? Vemos a instituciones dispuestas a silenciar un descubrimiento milenario solo para no perder el control sobre sus fieles, demostrándonos que, muchas veces, el poder —ya sea político o religioso— teme mucho más a la verdad que a la guerra.
Y, por último, esta historia nos deja una pregunta que, como mínimo, merece que nos la cuestionemos: ¿creen que es posible escapar realmente de nuestro pasado, o piensan —como la autora— que siempre llega un momento en la vida en el que nos toca sentarnos a pagar la cuenta? Ahí les dejo la inquietud para que se tomen un momento y, a lo mejor con un buen café en mano, la analicen... En lo personal, creo que el pasado no es un ancla que nos condena al fondo, pero sí es la tierra sobre la que caminamos. Quizá la clave no sea intentar huir del terreno, sino tener la valentía de limpiarlo para poder seguir sembrando en nuestro presente, ese que será nuestro futuro. Creo que es mucho más sano aprender a caminar en paz con nosotros mismos que pasarnos la vida entera huyendo de nuestro propio reflejo.

Aún dentro de mi lista de destinos pendientes por visitar no se encuentra Irak, más por sus complejos problemas sociales, guerras y demás, que porque no crea que albergue sitios milenarios, paisajes exóticos y rincones maravillosos por conocer.
Así que, al no tener material fotográfico del desierto donde se desarrolla gran parte de la trama, me he decidido por el lugar que desata una de las mayores controversias de esta historia: el Vaticano. Sin duda alguna, este rincón, además de ser el espacio más sagrado para el catolicismo, es dueño de una de las mayores colecciones de arte del mundo. Por supuesto, muchas de estas obras no están exentas de la polémica sobre cómo fueron adquiridas; pero bueno, no estamos aquí para juzgar el pasado de poder y los excesos de muchos de los papas.
Con esto, creo que he dejado entrever mi gran pasión y admiración por el arte en todos los sentidos de la palabra: desde las disciplinas clásicas como la arquitectura, la danza, la escultura, la literatura, la música, la pintura y el cine, hasta las expresiones más actuales como la fotografía, el diseño, el arte digital, el cómic, la moda, la gastronomía y el arte urbano. Creo que no me dejo ninguna por fuera; realmente, hace mucho tiempo aprendí a disfrutarlo y valorarlo todo. Es bien sabido que jamás pierdo la ocasión de visitar un museo, una galería, un teatro, una iglesia o una catedral, que constantemente funcionan como los mayores exponentes de la creatividad humana.

Así que visitar Roma (lugar donde, por cierto, inicia la novela) y no pasarte por el Vaticano es como conocer apenas media Roma. Para muchos, desde el plano espiritual y religioso, es un sueño por cumplir. A decir verdad, el solo hecho de contemplarlo a la distancia te da una idea clara de su grandeza y del inmenso poder que ha tenido a lo largo de la historia y que aún ostenta en la actualidad.
Por mi parte, hablando de forma muy personal, esta visita me generó bastantes sentimientos encontrados. Si hablo desde mi pasión por el arte, sin duda fue una de las experiencias más espectaculares de mi vida; desearía pasar días enteros visitando cada una de sus cientos de galerías, cuál más impresionante que la anterior. Sin embargo, en el plano espiritual, me decepcionó por completo. Más allá de la admiración por la grandeza que ha alcanzado el cristianismo, jamás sentí, ni por equivocación, una presencia espiritual... Es más, mientras hacía el recorrido, no dejé de hacerme una pregunta: ¿en qué momento los papas convirtieron el mensaje de amor y humildad de Jesús en opulencia y riqueza desbordada? Como dije, no soy quién para juzgar la forma en que la Iglesia ha manejado su poder, pero sí me hizo cuestionarme muchas cosas. Soy y seré una fiel enamorada del mensaje de Jesús: ese amor por el prójimo, esa empatía y esa humildad —que no debe confundirse con pobreza, sino con la nobleza en el corazón para dar lo mejor de uno mismo a los demás—.

Dejando de lado las reflexiones espirituales, el Vaticano, si no es el mayor complejo museístico del mundo, está sin duda entre los principales; si tienen la oportunidad de ir, visítenlo, porque es una experiencia extraordinaria. Eso sí, compren con bastante anticipación sus entradas por internet para el recorrido completo. Siempre hay una fila inmensa para ingresar, pero lo que mucha gente no sabe es que la fila para quienes ya adquirieron sus boletos con antelación es, por fortuna, muchísimo más corta. Tengan la precaución de preguntar cuál es la fila que les corresponde.
Hoy les hablaré de la importancia que tiene este lugar para el mundo en la conservación y el cuidado del arte, más allá de su relevancia religiosa. Les compartiré una perspectiva diferente para que, la próxima vez que lo vean en las noticias, dimensionen el valor que este sitio posee para la humanidad entera, por encima de las diferencias de fe. Y como abrebocas histórico: siglos antes de que se colocara la primera piedra de lo que sería la gran basílica actual, este suelo fue el escenario del circo de Calígula y Nerón.
El mismo Nerón inició una de las mayores persecuciones contra los cristianos. Según la tradición, San Pedro fue crucificado cabeza abajo en ese mismo circo y sus restos fueron sepultados a pocos metros, en una necrópolis humilde colindante. Esa tumba se convirtió en la verdadera "primera piedra" espiritual del Vaticano. Siglos después, el emperador Constantino el Grande, el primero en legalizar el cristianismo, ordenó edificar allí una monumental basílica en el año 324 d.C. El desafío de ingeniería fue enorme: tuvieron que nivelar la colina Vaticana para que el altar mayor quedara situado exactamente encima de la modesta sepultura del apóstol.

Curiosamente, durante casi mil años los papas no vivieron en el Vaticano, sino en el Palacio de Letrán, al otro lado de Roma; el Vaticano era solo un lugar de peregrinación. Sin embargo, tras el "Cautiverio de Aviñón" (cuando la sede papal se mudó a Francia en el siglo XIV) y a su regreso a Roma, Letrán estaba en ruinas. Fue entonces cuando los pontífices decidieron trasladarse al Vaticano por estar mejor fortificado.
Para el año 1500, la basílica constantiniana amenazaba derrumbe. El papa Julio II tomó una decisión tan audaz como polémica: demoler el templo milenario y construir la actual Basílica de San Pedro. El proyecto tardó 120 años en completarse y en él trabajaron los mayores genios de la historia: Bramante, Miguel Ángel (quien diseñó la imponente cúpula) y Bernini (creador de la espectacular columnata de la plaza).
En cuanto a su riqueza cultural, los Museos Vaticanos nacieron en 1506. Su colección es un registro asombroso de la civilización occidental, que abarca desde momias egipcias y estatuas romanas hasta el arte contemporáneo. Más allá de cualquier consideración religiosa o política, el Vaticano ha jugado un papel fundamental y paradójico en la historia: ha sido el gran archivador de la belleza humana. Si el Renacimiento o el Barroco alcanzaron las cotas de genialidad que hoy admiramos, fue porque allí existió el dinero, el espacio y la voluntad de dar libertad creativa a los hombres más brillantes de su tiempo. En épocas de guerras, invasiones, revoluciones e intolerancia, estos muros sirvieron como un cofre fortificado. El arte que en otros lugares de Europa fue destruido por hogueras políticas o fanatismos, aquí se conservó bajo el argumento de que la belleza material es un reflejo de lo divino.

Para la conservación del arte mundial, el Vaticano es el recordatorio de que las civilizaciones pasan, los imperios caen y los sistemas económicos cambian, pero un bloque de mármol tallado con alma o un fresco pintado con genialidad son eternos. Fue ahí donde entendí aquello que me llegué a cuestionar: salvaguardar esas obras no es un acto de vanidad institucional, sino un servicio necesario a la memoria colectiva del planeta.
Entrar al Vaticano es comprender que los seres humanos somos capaces de lo peor en la historia, pero también de lo más sublime en el lienzo. Sus salas nos enseñan que el arte no le pertenece a una sola época; es el hilo invisible que custodia lo mejor que hemos sido capaces de crear.

"Sin haber visto la Capilla Sixtina, no es posible formarse una idea clara de lo que un solo hombre es capaz de alcanzar." - Johann Wolfgang von Goethe.
"En los Museos del Vaticano, el mármol parece haber perdido su frialdad. Hay una solemnidad tan pura en esas estatuas antiguas que uno casi espera verlas respirar" - Charles Dickens
- Año de Publicación: 2005
- Libro: La Biblia de Barro
- Escritor: Julia Navarro
- Género Literario: Thriller arqueológico
- Editorial: Plaza & Janés