Noviembre 25 de 2023 - Maldita Roma - Santiago Posteguillo
Tal parece que Santiago Posteguillo sabe cuándo es mi cumpleaños, porque cada año, por estas fechas, suele lanzar sus libros; sabe que, sin excepción alguna, tiene esa compra asegurada. Es bien sabido que este escritor no necesita presentación, al menos no dentro de este blog.
Estaba esperando con gran expectativa la continuación de esta saga de Julio César. Posteguillo juega en su propia liga cuando se trata de la Antigua Roma. Con Maldita Roma, logra algo increíble: toma a un personaje del que creemos saberlo todo y nos relata sus años más desconocidos y peligrosos.
Descubriremos a un hombre que fue secuestrado por piratas, que lloró de frustración ante la estatua de Alejandro Magno y que tuvo que sobrevivir a la época de Espartaco y a los "lobos" del Senado. Es un viaje fascinante sobre cómo se forja una leyenda a base de pura voluntad.

Como era de esperar, esta segunda parte superó todas mis expectativas. No me sorprende, pues parece que a este escritor le gusta entregarnos sus mejores diálogos, imaginación y creatividad a medida que avanza en sus sagas. No es que Roma soy yo sea un mal libro —para nada, es fenomenal—, pero si leen ambos, se darán cuenta de que, entre más profundizamos en la vida de Julio César, la historia se pone cada vez más interesante. Ni quiero imaginar qué vendrá en la tercera entrega de esta saga, que (aquí entre nos) ya tengo lista en mi biblioteca para ser leída.
Uno supondría que hablar de un personaje como Julio César ofrece mucha "tela por cortar", pero de la mano de un escritor conocido por su exhaustiva investigación, la tarea no debe ser sencilla. Alrededor de un personaje que marcó tanto la historia debe haber cientos de datos, quizá con más mitos y especulaciones que realidades; así que constatar hechos verídicos no debe ser nada fácil.

Mi mayor respeto y admiración para Santiago Posteguillo por ello y, de paso, gracias por dedicar su vida a transmitirnos estas increíbles historias.
Maldita Roma es la esperadísima segunda entrega de la saga sobre Julio César (continuación de Roma soy yo). La historia arranca en el año 75 a.C. César, exiliado y habiéndolo perdido casi todo, se dirige a la isla de Rodas para estudiar oratoria con el maestro Apolonio de Molón. Sabe que para dominar Roma no solo necesita una espada, sino la capacidad de convencer a las masas. Sin embargo, su barco es interceptado por piratas cilicios en el Mediterráneo, siendo secuestrado.
Mientras César lucha por su vida y su orgullo frente a los piratas, la propia República romana se desangra. En Italia estalla la rebelión de esclavos más temible de la historia, liderada por el gladiador Espartaco. Este alzamiento pone a Roma de rodillas y obliga al Senado a depender de dos hombres inmensamente ambiciosos pero que se odian profundamente: el multimillonario y cruel Marco Licinio Craso, y el brillante pero arrogante general Cneo Pompeyo Magno.

Posteguillo nos entrelaza magistralmente tres grandes frentes: la guerra despiadada contra Espartaco, las intrigas políticas en el Senado con un Cicerón que empieza a destacar, y el regreso triunfal de César. Tras liberarse de los piratas (y cumplir su promesa de crucificarlos), César vuelve a Roma. A lo largo del libro, lo vemos ascender escalón a escalón en el cursus honorum (cuestor, edil).
Posteguillo nos muestra al César más humano: el que llora amargamente la muerte de su amada esposa Cornelia, el que derrama lágrimas ante la estatua de Alejandro Magno al sentir que a su edad no ha logrado nada, y el que se rinde ante la pasión arrolladora con Servilia, el gran amor de su vida. El libro termina dejándonos en la antesala del poder absoluto, con un César que ha aprendido a jugar al juego de tronos romano mejor que nadie.
Diálogos o Frases:
—El pueblo es como es, dice Julio César, pero puede ser mejor, quiero que sea mejor, solo los que tienen el poder político no desean que sea mejor.
—¿Y por qué no van a desearlo?
—Porque un pueblo que sepa más, que lea más, que se instruya más, es un pueblo que piensa más, y quién piensa más es exigente con quien lo gobierna y está atento a los abusos del poder y reclama justicia.
—Tú estás haciendo carrera política ¿acaso no tienes miedo de un pueblo que piense más?
—Es que yo no deseo gobernar para mi beneficio, sin en el beneficio de todos. Por esa razón no me da miedo educar al pueblo, quiero que piensen y piensen mucho.

- "Hay amores que nacen de la luz, y otros, como el nuestro, que se forjan en las sombras del poder".
- "En el Senado romano, la espalda es el único lugar donde no puedes llevar armadura, y es precisamente donde más la necesitas".
- "Roma no perdona la debilidad".
- "Te veo muy al corriente de la política romana de los últimos años. La política Romana nos afecta a todos preciso Apolonio; solo los ignorantes y los tontos se permiten la insensatez de no estar al corriente de la política que los afecta".
—Cuando creas que políticamente no puedes permitirte ese movimiento, entonces, tu no hagas nada, recurre a mí.
– Madre a veces me das miedo.
– Ella le responde al oído. A mi edad hijo, es mucho mejor dar miedo que dar pena.
- "El poder se conquista con palabras antes que con espadas".
- "A los piratas les prometí la cruz, y Julio César siempre cumple sus promesas".
- "El honor es un lujo que pocos pueden permitirse".
Julio César se encontraba frente a la estatua de Alejandro Magno.
—Le dice a su compañero, ante él no somos más que simples sombras, él a mi edad había conquistado el mundo conocido, yo no he podido ni hacer valer la justicia en Roma. Ante él, yo no soy nadie.
Su compañero en silencio reflexiona,
—¿quién en su sano juicio osaría en compararse con Alejandro Magno el conquistador del mundo?
Y sin embargo allí estaba el joven Julio Cesar que sufría al pensar que jamás llegaría a ser reconocido y menos aún recordado como Alejandro.
—Que ingenuo pensó su acompañante al osar compararse.

Aunque la historia tenía sus propios planes solo que ellos aún no sabían cuan trascendentes sería Julio César para la historia, pero no solo de Roma sino del mundo entero.
- "Las lágrimas que derramamos por los nuestros son la única debilidad permitida a un romano".
- "Maldita Roma, que nos exige la vida, la sangre y el alma, y a cambio solo nos ofrece el frío mármol de la gloria".
- "Quien domina la palabra, domina el Senado".
—A muchos los incomoda, pero a mí este viento fuerte me agrada —se explicó Apolonio—. Me gusta pensar que barre la estupidez de mi alrededor. Hay mucha que eliminar, por eso tanto viento es necesario.
—Por norma, no basta con el viento para eliminarla —indicó César mirando hacia el mar enfurecido.
—No, por lo general no basta con el viento; y en ocasiones no basta ni con las palabras —admitió Apolonio—, pero a menudo, para activar otras, digamos, «herramientas» con las que barrer la estupidez, la inequidad o la injusticia, hemos de recurrir a las palabras para enardecer a hombres, senados o ejércitos. La retórica siempre está ahí.

Teniendo ahora este libro en mis manos para escribir esta reseña, le doy un nuevo repaso; vienen a mi mente varias escenas en las que, cuando lo leí por primera vez, no les había dado tanto valor. Por ejemplo, sitúo el contexto: César se encuentra en la ciudad de Éfeso con su gran y fiel amigo Labieno.
César dice: —No puede ser que nos vayamos de esta ciudad sin visitarla como se merece, ¿no crees? —No sé —responde Labieno—, eres tú el que sabe de ciudades y de historia. Pero es cierto que mucho se habla de Éfeso y poco hemos visto de ella.
César sirvió de guía a su amigo y lo llevó por las calles principales, desde el puerto hasta el gran teatro, explicándole cuántas personalidades importantes pasaron por allí: Zenódoto, el primer bibliotecario de Alejandría; o Artemidoro, el geógrafo que creó los mapas que les eran útiles en cada travesía. Era una ciudad de poetas y filósofos como Heráclito, quien decía: "No podemos entrar dos veces en el mismo río, porque el río cambia".

—Es eso, ¿verdad? —sugirió Labieno. —En parte sí —le corrige César—, pero hay algo muy importante que a muchos se les escapa: no podemos entrar dos veces en el mismo río porque nosotros mismos cambiamos. Todo cambia: el río y nosotros también. Todos cambiamos constantemente.
Al imaginar esta escena de Julio César, siento una emoción difícil de describir, al saberme a mí misma recorriendo las calles de la grandiosa Éfeso que tantos grandes personajes de la historia recorrieron.
Al pensar en las fotografías que debían acompañar este post, tenía claro que debía ser un lugar con influencia romana. Las más propicias, como Roma o la misma Éfeso, ya acompañaban otras reseñas (es evidente que debo visitar más enclaves romanos, ya que suelo leer tanto sobre esta increíble civilización). En esta ocasión, me decanté por Segovia; aunque no es propiamente una ciudad de fundación romana, es mundialmente conocida por su majestuoso Acueducto, por lo que me pareció el escenario perfecto para esta historia.

Visitar esta ciudad tenía un componente muy especial para mí: años atrás, mi madre me había hecho un cuadro en punto de cruz (un arte maravilloso que dominaba) de dicho acueducto. Así que, además de su historia, Segovia tenía un significado adicional y muy personal. En cuanto llegamos, la tarea principal fue replicar la misma foto de ese cuadro... Ya me contarán si realmente lo logré.
Por supuesto, Segovia —al igual que casi todas las ciudades europeas— está llena de datos curiosos. Son ciudades milenarias que, en su mayoría, conservan de manera impecable sus lugares más emblemáticos. Aquí les comparto algunos de los datos más interesantes de esta joya de España:
Antes de la llegada de Roma, Segovia era un asentamiento de origen celta. Su nombre proviene del término Segobriga, que combina Sego (victoria) y briga (ciudad o fortaleza).

Tras la conquista romana en el siglo I a.C., la ciudad se convirtió en un importante centro administrativo. Pero lo que realmente definió a la Segovia romana fue su Acueducto, construido hacia finales del siglo I d.C. (época de los emperadores Domiciano o Trajano).
Sus más de 20.000 bloques de granito, 167 arcos de piedra están construidos con sillares de granito unidos sin una gota de mortero o cemento. Se mantienen en pie por un perfecto equilibrio de fuerzas y empujes. Ingeniería pura.
El Alcázar es el símbolo de la Segovia medieval y real. Fue una de las residencias favoritas de los Reyes de Castilla, especialmente de Isabel la Católica.
Su forma de proa de barco y sus torres de pizarra le dan un aire de cuento de hadas. Como dato curioso, fue palacio real, prisión estatal y Real Colegio de Artillería.
La Catedral: Llamada la "La Dama de las Catedrales". Construida entre los siglos XVI y XVIII, es la última catedral de estilo gótico que se levantó en España. Se le llama la "Dama" por su elegancia y dimensiones. Es el punto más alto de la ciudad y domina todo el horizonte segoviano.

Y, en definitiva, no se pueden ir de Segovia sin disfrutar de su gastronomía. El cochinillo asado es una tradición que se remonta a siglos atrás. La técnica de cortarlo con el borde de un plato de cerámica es la prueba irrefutable de su ternura y un espectáculo que ya forma parte indisoluble de la identidad de la ciudad.
Es el final perfecto para una jornada recorriendo la historia: sentarse a la mesa y compartir un plato que sabe a tradición, y a la hospitalidad de Castilla.
Ciudad Patrimonio de la Humanidad: Gracias a esta increíble convivencia de estilos y su estado de conservación, la UNESCO la protegió en 1985.

- Año de Publicación: 2023
- Libro: Maldita Roma
- Escritor: Santiago Posteguillo
- Género Literario: Novela Histórica
- Editorial. Ediciones B