Julio 05 de 2024 - Memorias de Adriano - Marguerite Yourcenar

Julio 05 de 2024 - Memorias de Adriano - Marguerite Yourcenar
"La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana." - Publio Elio Adriano (138 d. C)

"Bueno como Augusto, valiente como Trajano, sabio como Adriano y virtuoso como Marco Aurelio".

Hace años atras leí este refrán romano, bastante tiempo antes de interesarme profundamente por su cultura. Las series y películas nos han convencido de la idea de que a Roma solo la representa su enorme ejército. Por supuesto que a través de él forjó su grandeza, pero Roma es mucho más que un montón de soldados disciplinados portando un gladio; ningún imperio sobrevive siglos enteros solo a base de espadas. Crearon un sistema cultural, legal y estructural tan eficiente que los pueblos conquistados terminaban deseando ser romanos. A mi parecer, bajo la influencia griega, y su mismo delirio de grandeza los llevó a tomar la proporción y la belleza de los griegos para dotarlas de utilidad y eternidad. Y vaya que lo consiguieron.

Puente de San Martín y el Monasterio de San Juan de los Reyes al fondo, siglo XIV

Si me preguntaran, en términos generales, qué admiro de los romanos, creo que lo primero en lo que pensaría sería en su ingeniería. Pero, pensándolo bien y siendo un poco más sensata, si miro más allá del legado de sus estructuras monumentales, debo decir que la herencia más profunda e invisible de Roma es su sistema legal.

Se preguntarán a qué viene toda esta introducción, con datos que fácilmente pueden investigar en Wikipedia. Resulta que el emperador Adriano —de quien hoy les quiero hablar y a quien dedico esta publicación— fue, sin duda, un césar muy diferente al perfil que normalmente nos resaltan de la cultura romana. Publio Elio Adriano dio el paso decisivo para transformar el derecho: en lugar de que la justicia dependiera de los intereses políticos de turno, él la organizó y la unificó, sentando las bases de las leyes que nos rigen hoy en día.

Panorámica de Toledo mostrando el Alcázar y la Catedral. Toledo, España

Como sabrán los lectores del blog, mi puerta de entrada para descubrir el mundo romano fue la trilogía de Trajano —comenzando con Los asesinos del emperador—. El dato clave aquí es que el protagonista de hoy, Adriano, era sobrino de aquel gran césar.

Al leer esa trilogía noté, no sin cierta sorpresa y hasta con un toque de decepción, que Santiago Posteguillo no parecía tener en muy buen concepto a Adriano —o, al menos, esa fue mi sensación—. Me generó bastante intriga la escasa profundidad que el autor le dedicaba a un emperador cuya fama lo precedía; una figura de cuyo inmenso legado todos los apasionados por la historia hemos escuchado hablar un sinfín de veces. Curiosamente, me ocurrió exactamente lo contrario con Trajano: de él no tenía ninguna referencia previa y, sin embargo, de la mano de este escritor, terminó convirtiéndose en uno de mis personajes históricos favoritos.

Me di cuenta de que, irremediablemente, en las páginas de Posteguillo no encontraría el retrato detallado que buscaba sobre este emperador, así que decidí explorar una fuente distinta. Llevando en la mente aquella frase que había escuchado tantos años atrás, emprendí la búsqueda de una obra literaria que me confirmara todo lo que en ella se prometía.

Puerta del Sol. Siglo XIV - Toledo, España

Para mi fortuna, me encontré con esta escritora francesa, Marguerite Yourcenar (1903-1987), una mujer cuya propia historia me dejó fascinada. Además de ser la primera mujer elegida para la Academia Francesa, era una erudita formidable. Al investigar a fondo su biografía, comprobé que fue una mente increíblemente brillante; de hecho, sobre su propia vida se podría escribir una magnífica novela: fue aristócrata, escritora, poeta, viajera y traductora. Su método de trabajo consistió en leer absolutamente todo lo que Adriano pudo haber leído, mirar las estrellas como él las miraba y visitar los lugares que él pisó, un proceso de inmersión total que le tomó cerca de treinta años. Alguien que asume semejante labor para crear un libro se gana, sin duda, mi mayor respeto y absoluta admiración.

Creo que con esta aclaración conecto tanto el porqué de mi introducción estilo Wikipedia, como el verdadero motivo que me animó a indagar sobre este emperador. A mi parecer, para ser un personaje tan importante en la historia de Roma, son realmente muy pocos los escritores que se han atrevido a abordar su vida. Esta escasez literaria me generó bastante curiosidad; incluso llegué a pensar que quizá Posteguillo tenía razón al dejarlo en un segundo plano dentro de sus novelas. Sin embargo, para mi absoluta satisfacción, yo estaba completamente equivocada.

Callejuela del casco antiguo con la torre de la Catedral al fondo.

A lo largo de mis años de lectura, he ido comprendiendo qué fue lo que hizo de los romanos una civilización tan excepcional. Aunque, sin duda, padecieron a una serie de emperadores desquiciados —como Calígula, Nerón, Domiciano o Cómodo, quienes encarnan esa oscura mezcla de locura y crueldad absoluta—, Roma siguió siendo grandiosa. A pesar del tiempo que estos tiranos ostentaron el poder, el Imperio se mantuvo inquebrantable gracias a las sólidas bases que forjaron los grandes césares que mencioné al principio.

Augusto, el Fundador, transformó una república fragmentada en un Imperio estable, demostrando ser un maestro indiscutible de la administración. Trajano, el Conquistador, fue el comandante bajo cuyo mando Roma alcanzó su máxima extensión territorial, lo que le valió el título histórico de optimus princeps (el mejor de los gobernantes). Adriano, el Consolidador, comprendió que el Imperio no podía expandirse hasta el infinito y se dedicó a cohesionar culturalmente sus vastos territorios, fusionando el pragmatismo romano con la exquisita belleza de la cultura griega. Por último, Marco Aurelio, el Filósofo, encarna el ideal platónico del gobernante que antepone el deber moral al poder absoluto.

Catedral Primada de Toledo (Catedral de Santa María). Inicio de obras: 1226, finaliza en 1493 - Toledo, España

Quizá la historia guarde el nombre de otros grandes emperadores, pero estos cuatro, de alguna forma, comparten un hilo conductor que los mantiene íntimamente enlazados.

Solo después de terminar Memorias de Adriano me di cuenta de que, en definitiva, hice mis lecturas en el orden equivocado: debí leer esta obra antes que Meditaciones (el libro del post anterior). Espero despertar en algunos de ustedes el deseo de descubrir esta historia y, si se animan, mi gran recomendación es esta: lean a Adriano primero y, luego, pasen a Marco Aurelio.

Es evidente que no es una historia tradicional, esta es de esas donde el principio, el nudo y el desenlace están llenos de acción. Otro dato no menos importante que deben conocer es que el famoso Marco Aurelio no estaba, originalmente, en la línea directa de sucesión.

Claustro de la Catedral Primada de Toledo.

Gracias a una larga cadena de sabias decisiones por parte de diferentes emperadores, en este período de la historia el poder no se heredaba por lazos de sangre, sino por estricto mérito. El emperador reinante buscaba al hombre más capaz, brillante y preparado del Imperio para convertirlo en su sucesor.

Así nació la famosa época de los "Cinco Buenos Emperadores". Cansados de un sistema hereditario que a menudo terminaba coronando a tiranos inmaduros o incapaces, instauraron una línea de sucesión asegurada mediante la adopción basada en el mérito. Sin duda, es una de las jugadas de planificación política más fascinantes de la historia.

Adriano notó algo especial en Marco Aurelio desde que este era muy joven; de hecho, lo apodaba cariñosamente Verissimus ("el más veraz"), ya que el muchacho mostraba una sinceridad, una seriedad y una inclinación hacia la filosofía completamente inusuales para su edad.

Interior de la Catedral Primada (frente a la Capilla Mayor) - Toledo, España

Como bien sugiere el título del libro, la obra se presenta como las memorias o confesiones íntimas del emperador. Un Adriano ya cansado y enfermo, sintiendo que la muerte lo acecha, decide escribirle una profunda y conmovedora carta de despedida a ese joven de diecisiete años llamado Marco Aurelio.

A través de esta extensa carta, Adriano desnuda su alma. Comienza repasando su juventud en Hispania, su pasión por la cultura griega, la caza y sus primeros años en el ejército. Relata cómo, gracias a la silenciosa y brillante intervención de la emperatriz Plotina —esposa de Trajano—, logra que este lo adopte como su heredero. Una vez en el poder, Adriano cambia las reglas del juego: en lugar de buscar la gloria militar y seguir expandiendo el Imperio a costa de sangre, decide detener las guerras, levantar fronteras defensivas y dedicarse a pacificar, organizar y embellecer el mundo.

Sin embargo, el núcleo emocional y devastador de esta historia reside en el encuentro del emperador con Antínoo, un joven de belleza hipnótica. A su lado, Adriano experimenta por primera vez un amor absoluto, devoto y casi divino que lo transformará para siempre. Durante años, ambos recorren juntos los confines del Imperio, unidos por un vínculo que trasciende las barreras del poder.

Alcázar de Toledo, no se construyó en una sola época, sino que es el resultado de una sucesión de fortalezas durante los siglos III d. C. al 1535 edificio actual.

El destino irrumpe con una tragedia que marcará un antes y un después en la vida del hombre más poderoso del mundo. Esta pérdida rompe a Adriano, sumiéndolo en un luto tan abismal que lo empuja a desafiar al mismísimo olvido, utilizando todo el peso de su investidura para intentar inmortalizar el recuerdo de su amado. A partir de este punto de quiebre, la obra nos sumerge en el inevitable ocaso de su reinado.

La historia avanza hacia la vejez del emperador, quien debe lidiar con las revueltas en Judea, el deterioro de su propio cuerpo y la delicada elección de sus sucesores —asegurándose, por supuesto, de que Marco Aurelio llegue al poder—, hasta alcanzar, finalmente, la aceptación serena de la muerte, invitando a su propia alma a transitar hacia la oscuridad con los ojos abiertos.

Marco Aurelio era apenas un adolescente; coronarlo directamente habría desatado una guerra civil entre los generales veteranos. Como jugada maestra final, Adriano adoptó a un respetado, mesurado y experimentado senador de cincuenta y un años llamado Antonino, nombrándolo su sucesor directo. Pero le impuso una condición innegociable: Antonino, a su vez, debía adoptar inmediatamente al joven Marco Aurelio, que entonces tenía diecisiete años. Ya solo por esta decisión —que demuestra una visión política extraordinaria— deberíamos admirarlo.

El silencio y la historia habitan en cada calle empedrada de Toledo, España

Fue una estrategia perfecta a largo plazo. Antonino Pío gobernó durante veintitrés años de paz absoluta y prosperidad. Mientras tanto, Marco Aurelio no tuvo que luchar por el poder ni verse envuelto en intrigas de palacio. Pasó más de dos décadas en el epicentro del poder romano, entrenándose y estudiando administración, derecho civil y filosofía estoica bajo la tutela de Antonino.

Cuando Antonino Pío murió pacíficamente en el 161 d. C., Marco Aurelio asumió el mando como un hombre maduro de cuarenta años, perfectamente preparado para gobernar.

Resulta una ironía casi trágica que Marco Aurelio, el emperador filósofo que llegó al poder mediante este sistema basado en el talento y la formación meticulosa, fuera precisamente quien rompiera la cadena de las adopciones.

En lugar de adoptar a un general capaz o a un senador prudente, le legó el trono a su hijo biológico: Cómodo. Este resultó ser un desastre total y, con él, terminó la era dorada de los Antoninos, dando inicio a una larga y profunda crisis para Roma. Ya Hollywood se ha encargado de contarnos (a su manera) parte de esa historia...

Luces, sombras y adornos juegan bajo los arcos en una noche mágica por el casco histórico. Toledo, España

Ahora bien, haciéndole honor a otra de mis pasiones, la ingeniería, deben saber que el imponente Panteón de Roma fue construido por órdenes de este emperador. Levantado alrededor del año 118 d. C., es uno de los edificios de la Antigüedad mejor conservados del mundo; una obra magistral que, desde su técnica, nos descrestó y nos sigue desconcertando a partes iguales. Tampoco podemos olvidar el Mausoleo de Adriano, hoy conocido como el Castillo Sant'Angelo, concebido inicialmente en el año 135 d. C. como una inmensa tumba monumental para él y su familia a orillas del río Tíber.

Estas son solo dos de sus maravillas más icónicas, pues Adriano dejó un inmenso legado arquitectónico que aún sobrevive en Éfeso, Britania, Grecia y a lo largo y ancho del Imperio romano.

El gran mensaje que nos deja esta obra es el retrato de un Adriano brillante, complejo, pacificador y constructor; un hombre que oscilaba entre ejercer el poder absoluto sobre el mundo y sentir una total vulnerabilidad ante el amor y la enfermedad. A través de la carta que le escribe a Marco Aurelio, un emperador ya viejo y pragmático —que ha experimentado todos los placeres, los dolores y las bajezas humanas— intenta legarle su sabiduría empírica a este joven puro, idealista y estoico, preparándolo para el abrumador peso que está a punto de caer sobre sus hombros. Aunque aquel muchacho jamás toma la palabra a lo largo de la historia, sí percibimos su presencia silenciosa, la de aquel que escucha con atención. Adriano sabe muy bien que él representa el futuro, la rectitud moral y la esperanza en la continuidad de un Imperio civilizado.

Puente de San Martín con vistas al Monasterio de San Juan de los Reyes. - Toledo, España

Frases o Dialogos:

  • "Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo... tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos."
  • "Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y desdeñar el cultivo de las que posee."
  • "Construir es colaborar con la tierra, es poner una marca humana en un paisaje."
  • "Toda felicidad es una obra maestra: el menor error la falsea, la menor vacilación la altera, la menor pesadez la estropea, la menor tontería la embrutece."
  • "La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana."
  • "Todo nos abandona; a todos nos abandonan."
  • "Me sentía responsable de la belleza del mundo."
  • "Dudaba de todo y, sin embargo, estaba seguro de algunas cosas."
  • "El verdadero lugar de nacimiento es aquel dónde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente. En mi caso mis primeras patrias fueron los libros."
  • "La intimidad de los cuerpos, que jamás existió entre nosotros, fue compensada por el contacto de dos espíritus estrechamente fundidos."
  • "Había olvidado que ciertos seres modifican los límites de tu destino."
  • "Cada uno de nosotros posee más virtudes de lo que se cree, pero solo el éxito las pone en relieve."
  • "La moral es una convención privada; la decencia, una cuestión pública."
  • "Intentar ver la Luz sin conocer las Tinieblas. Es imposible."
Academia de Infantería de Toledo año 1850, España
Los fundamentos del aprendizaje. La primera lección de mi maestro:
—ten la certeza de que puedes aprender; es perturbador descubrir que mucha gente cree que no puede aprender, y que más gente aún cree que aprender es difícil.
  • "El ser humano está tan obsesionado con los dioses, que ha desatendido lo humano."
  • "Un ser embriagado de vida no prevé la muerte."
  • "En cuanto a mí, busqué más libertad que poder, busqué una simple libertad de momentos libres. Toda vida bien ordenada los tiene y quién no sabe crearlos no sabe vivir."

Llevaba un par de meses sin escribir, absorbida por las mil y una responsabilidades que conlleva el día a día. Pero toda pausa sirve para tomar impulso y ordenar los pensamientos, así que aquí estamos de nuevo; que no cunda el pánico, estoy de regreso.

Sinagoga de Santa María la Blanca, ) construida en el año 1180 - Toledo, España

Durante los días en que no me dedico de lleno a leer o a escribir, en mis ratos libres disfruto inmensamente investigando cualquier detalle que pueda ayudarme a conectar la historia completa: el contexto del libro, la vida de la escritora, los motivos que la llevaron a concebir la obra, los datos históricos y, por supuesto, todo lo referente a los lugares que aparecen en las fotografías que les comparto. Debo admitir que este proceso de búsqueda se ha convertido en una terapia verdaderamente gratificante.

Llevo un registro riguroso con la lista de los libros leídos, el cual me indica en qué orden y en qué fecha leí cada uno (aunque es casi seguro que, apelando a la memoria, podría recordar exactamente cuándo y por qué lo hice). Por supuesto, tenía muy claro qué libro seguía para esta publicación, pero el proceso creativo no comienza frente a la pantalla en el instante en que empiezo a teclear; tener el título anotado no significa que el texto nazca por arte de magia. Lo que intento decir es que, aun cuando no estoy escribiendo, el tema sigue corriendo en segundo plano. Aunque mi día a día va a mil por hora, siempre mantengo un pequeño radar encendido para el blog, como si fuera guardando fragmentos de información en alguna carpeta de mi cabeza para sacarlos a relucir cuando llega el momento oportuno. Sí, ya lo sé, todos tenemos nuestros rayes raros, y este, sin duda, es uno de los míos.

Mirador del Valle, río Tajo - Toledo, España

Llevo varias semanas subiendo y descartando ciudades en dicha carpeta: copiar, pegar y eliminar. ¡Tal cual! Puesto que las pocas ciudades romanas que conozco ya están en otras publicaciones, en ese descarte de ideas se me ocurrió que debía utilizar alguna ciudad española como hilo conductor. La más ideal sería Sevilla (Itálica), lugar de donde procedía la familia de Adriano y con la cual estuvo vinculado toda su vida. Lamentablemente, esta ciudad ya había cumplido su cometido en el artículo sobre El oro del rey.

En uno de esos momentos entre subir y bajar archivos, cruzó por mi mente una ciudad que, desde el primer instante en que la pisé, asocié irremediablemente con Roma. A decir verdad, no sé cómo no se me había ocurrido antes: la fascinante y peculiar ciudad de Toledo.

Al adentrarte en sus calles te das cuenta de inmediato de que tiene un aura especial; definitivamente, no es un lugar convencional. Es de los pocos rincones de Europa donde las tres grandes religiones convivieron en paz durante siglos; parece que allí el tiempo se hubiera detenido con el único propósito de enseñarle al mundo el arte de la convivencia.

Exterior de la Catedral Primada (cúpula de la Capilla Mozárabe) - Toledo, España

Conocida como la Ciudad de las Tres Culturas, Toledo custodia una historia única. Allí, cristianos, musulmanes y judíos no solo compartieron un espacio físico, sino que entrelazaron sus saberes y visiones para regalarle a Europa una de sus épocas de mayor esplendor intelectual y artístico.

Sin embargo, mucho antes de que estas tres grandes religiones dejaran su huella, los romanos ya habían vislumbrado la majestuosidad estratégica de este enclave. Tras conquistarla en el año 192 a. C., el general Marco Fulvio Nobilior la bautizó con el nombre de Toletum —palabra que evoca lo «elevado»—. De aquella época fundacional aún sobreviven las imponentes huellas del gran circo romano y los trazos inmortales de sus antiguas murallas.

Sus calles estrechas, empinadas y empedradas fueron trazadas con la profunda sabiduría de su tiempo. Ese laberinto, de aparente desorientación, cumplía con tres propósitos perfectos: defender la ciudad de las invasiones, crear sombras continuas y corrientes de aire para aliviar el abrasador verano toledano, y guardar con celo la intimidad del hogar a través de sus famosos cobertizos y patios interiores.

Acceso al claustro en la Catedral Primada. Cruzando los umbrales sagrados donde el arte, los frescos y la historia descansan en paz - Toledo, España

En el corazón de este entramado se alza majestuosa la Catedral Primada de Santa María. Iniciada en 1226 bajo el reinado de Fernando III el Santo, sobre los cimientos de la antigua Gran Mezquita, este templo se consagra como la obra cumbre del gótico español.

Pero el verdadero milagro toledano no reside únicamente en sus muros monumentales, sino en lo que ocurrió dentro de ellos. Durante siglos, la Tulaytulah islámica y la Toledo de la Reconquista fueron el escenario de la célebre Escuela de Traductores. Allí, impulsados por figuras como el rey Alfonso X el Sabio entre los siglos XII y XIII, eruditos cristianos, judíos y musulmanes se sentaron a una misma mesa. Juntos, tradujeron al latín y al romance los grandes tratados científicos, médicos y filosóficos de la Antigüedad griega, árabe y hebrea.

Custodiando siglos de historia de piedra bajo el cielo estrellado - Toledo, España

En un mundo fragmentado por las fronteras, Toledo funcionó como un faro de tolerancia donde la sabiduría no tenía religión. Esta ciudad nos enseñó que las diferencias no destruyen, sino que enriquecen; nos recuerda que, cuando las culturas dialogan, la piedra florece en arte y la memoria se convierte en patrimonio universal. La belleza y el conocimiento solo se vuelven eternos cuando se construyen en conjunto.

En definitiva, Toledo es una ciudad hecha para perderse caminando: sus adoquines aún guardan los ecos de los pasos de reyes, alquimistas, caballeros y poetas. Contemplarla al atardecer desde el Mirador del Valle, con la mirada abrazando el río Tajo, el Alcázar y la Catedral, es asomarse a una inmensa ventana en el tiempo; un privilegio que te permite respirar, frente a frente, la grandeza de la historia.

..y en sus ojos de oro dejó la noche oculta dos pequeños pedazos encendidos. - Pablo Neruda

  • Año de Publicación: 1951
  • Libro: Memorias de Adriano
  • Escritor: Marguerite Yourcenar
  • Género Literario: Novela Histórica
  • Editorial: Debolsillo, Edhasa